| ...o al menos eso es lo que he oído | | C. García* Valencia Nadie duda, ni por un instante, que la comunicación de una empresa –publicidad, creación de una imagen corporativa, gabinetes de comunicación, etc.– tiene una gran relevancia para la evolución de la compañía, la consolidación de la marca, e incluso, una relación directa sobre la cuenta de resultados. Así, la importancia de la comunicación en la empresa no puede restringirse únicamente al ámbito público ya que sin una adecuada comunicación interna podemos encontrarnos con situaciones un tanto surrealistas, en las que una determinada compañía es capaz de captar el interés del cliente, lograr cerrar operaciones y, al mismo tiempo, ser manifiestamente incapaz de producir ni un solo producto o servicio. Y es que la comunicación interna es la clave para que la organización trabaje como una entidad, sin fisuras, sin tareas duplicadas, sin fallos de coordinación. Como sistema abierto que es, la organización tiene un buen número de departamentos, de áreas de actividad, de profesionales y cada uno presenta su propio foco de interés, tiene sus propios objetivos y, también, sus propios problemas. En este marco, la comunicación es imprescindible ya que el propio concepto de organización implica que todos esos elementos puedan trabajar al unísono, persiguiendo objetivos de mayor relevancia y uniendo sus fuerzas para que todo funcione a la perfección. La analogía con el cuerpo humano es obligada. El ser humano está compuesto de miles de millones de células y cada una tiene su propia función, pero no por ello dejan de ser parte de un todo. Las que tienen funciones similares están especializadas, formando sistemas más complejos con funciones plenamente definidas que contribuyen a un objetivo más ambicioso, lograr la subsistencia del organismo, conseguir que éste se relacione con su medio y que tenga la capacidad de interactuar con el exterior. De nada serviría tener un corazón que bombeara muy fuerte si no existieran unos vasos sanguíneos que se encarguen de suministrar el oxígeno a esas células, de nada servirá un sistema nervioso en perfecto estado si no disponemos de unos riñones que contribuyan a limpiar la sangre. Así, en nuestra empresa, podemos potenciar hasta el infinito las acciones comerciales, podemos emprender cientos de planes de marketing y podremos contratar un sofisticado sistema CRM para gestionar nuestras relaciones con el cliente, pero todo eso no servirá de nada si los profesionales de nuestra organización son incapaces de saber que es lo que están haciendo. Obviamente, todo profesional requiere cierta información para llevar a cabo su tarea. Las reglas del juego La información no sólo debe hacer referencia a su trabajo en sí, sino también a su significado en el conjunto de la organización. Partiendo de ese punto, seguro que muchos de ustedes se están preguntando para qué puede necesitar su empleado información del motivo de su trabajo o su contribución a los objetivos globales. La respuesta es muy sencilla: Pretendemos aniquilar los miedos y la incertidumbre al mismo tiempo que potenciamos la asimilación de los valores organizacionales y sus objetivos por parte del trabajador. Como habrán adivinado, no es una misión sencilla la que tenemos entre manos, entre otras cosas porque debemos tener mucha información sobre nuestra propia empresa. En primer lugar, es de crucial importancia conocer el clima de nuestra organización, pero también debemos estar al corriente de los procesos que tienen lugar en el seno de la misma, el compromiso que tienen los empleados y el grado de eficiencia que tienen en el desarrollo de su labor.  |